Pertenecer sin tener que elegir
Durante décadas, las encuestas han medido la integración como un camino en una sola dirección: cuanto más te pareces a la mayoría, mejor integrada estás. Ese marco deja fuera a una generación entera que no vive su identidad como una elección.
Identidades que suman
Las jóvenes transfronterizas combinan lenguas, creencias, costumbres y referencias sin sentir que una le quita sitio a la otra. Lo que les pesa es que el entorno les pida explicaciones.
de los menores de cinco años en España tiene origen extranjero.
Con estas cifras, la identidad híbrida deja de ser una rareza. Es la forma de ser de una parte creciente del país, y las instituciones tendrán que aprender a nombrarla.
«Soy española y soy senegalesa. Si me pides que elija, no sabría.»
Proponemos que las encuestas oficiales admitan identidades múltiples y que el sentimiento de pertenencia deje de usarse como un examen.
Lo que el padrón no cuenta
Las estadísticas oficiales registran la nacionalidad y el país de nacimiento. Con esos dos datos, la segunda generación desaparece: son españoles nacidos en España, igual que cualquier otro.
de personas en España tienen origen extranjero si se cuenta a quienes nacieron aquí de madre o padre extranjeros.
Contar para existir
Lo que no se mide no se ve, y lo que no se ve no entra en las políticas. Sin datos sobre origen es imposible saber si la segunda generación sufre discriminación en el empleo, en la vivienda o en la escuela.
«Quiero que me cuenten como español. Y quiero que alguien cuente también de dónde vengo.»
Proponemos preguntas voluntarias y anónimas sobre el origen familiar en las grandes encuestas públicas, con todas las garantías de protección de datos, como hacen otros países europeos.